Gratis total

Gratis total es un remake de la conocida frase “el dinero no da la felicidad” y es la reflexión que toca hacer hoy, con la que está cayendo. Cada uno conoce cuáles son sus auténticos placeres y lo curioso es que con los años te vas dando cuenta que los auténticos encima son gratis. ¿Cuánto cuesta ver un atardecer frente al mar o un paseo matinal por el campo? O ese programa de radio que te habla de gente increíble (todavía estoy bajo el efecto de la entrevista que JR Lucas hizo a JL Sampedro esta semana). O los documentales de David Attenborough sobre el planeta (sobretodo, si te los prestan). O un beso de tus hijos (bueno, eso acaba costando). Tampoco tiene precio las conversaciones con la gente con la que conectas. Ni buscar historias que te llenen por internet. Los hobbies que no consisten en consumir y pagar un precio por que te entretengas son los que más llenan, los que permiten desarrollar la creatividad. Si quieres pasarlo bien, escribe un blog. O haz fotos, o recoge hojas del jardín y toca la tierra con las manos.

Ni la mejor bebida del mundo (que para los entendidos es la sidra) sabe tan rica como esa fuente que te encuentras en mitad de la montaña cuando la boca te sabe a polvorón.
Gratis es decirle hola a un amigo y adios a un peñazo.
Lo mejor es gratis, gratis total, para el resto, Mastercard…

Facebook, todo un mundo

Reconozco que en poco más de 1 mes he pasado de excéptico triple AAA a usuario intensivo y por ello me llama la atención el mundo que hay ahí dentro. Hay páginas de todo tipo: los que les gusta dormir, los que odian aburrirse o ver la batería baja; fans de Michael Jackson, grupos de música o series de tv; páginas con nombres pegadizos como “No es que lo haya perdido, es que no lo encuentro…”; sustantivos sueltos como música, cookies, summer; los que piden el botón de no me gusta para FB. Declaración de intenciones como “me cae mal la gente falsa”; los hay con buen humor “Yo también dije voy en camino y nisiquiera habia salido!”;

Otros que entienden el altruismo en plan Robin Hood como “CAMBIO TESOROS DEL VATICANO POR COMIDA PARA AFRICA, TE APUNTAS?”; Estan los arrepentidos = “If i could turn back the time”. Hay páginas “oficiales”  que sólo son para admiradores y cuyo muro lo mantiene su creador dejando la participación en forma de comentarios, como “Sarcasm society”. Otra cosa sorprendente son las cifras, todas las anteriores son páginas con más de 1 millón de admiradores, que parecen muchos, pero igual basta con dar con una frase pegadiza como “la vida es una sola y hay qe saber disfrutarla!!!” y en cuestión de 3 meses y sólo 3 inserciones dando las gracias a tanto admirador se llega a esa cifra.

Si el tener más admiradores no deja dinero (habrá algunas páginas comerciales que sí lo rentabilicen), entonces debe ser por otros motivos: por compartir tu mundo feliz con los demás y así les colocas el lado bonito y prefabricado; por cuestiones de ego; por buscar aficiones comunes, gente que comparta tu gusto por Asturias, por ejemplo.
El tema da para mucho. Yo me lo paso bien en Facebook, ¿y tú?
Hugo

La tele-basura

La tele a la basura, hombre tampoco es eso, nos quedaríamos sin los partidos del Atleti (no confundir con la de los tacones altos) y los animalitos de la 2. Incluso, sin el último descubrimiento, el Último Superviviente.

Pero volviendo al tema que da título a este post pasado por agua (escribo ésto una tarde oscura de febrero tras no parar de diluviar los últimos 40 días con sus 40 noches - pelín bíblica la exageración), la tele-basura nos invade incluso a los que intentamos no ver mucho la caja tonta y sí la caja lista. Los últimos escándalos en la selección de la canción para Eurovisión llega a mis oídos vía las ondas y a mis ojos vía YouTube: un tal  John Cobra presenta su canción, el público le abuchea, él les hace gestos obscenos, les invita a merendar y se lía parda.
¿Eso es tele-basura? Eso es símplemente basura en la tele, no estaba invitado para montar el numerito, lo bueno llega después cuando le empiezan a caer ofertas y exclusivas para que pasee su show por las televisiones. Eso ya es comerciar con lo cutre, buscar el morbo, vender las vísceras pensando que el público tiene sed de eso y de mucho más. Pues no, señores, no: los cerdos no sólo comen mondas si pueden elegir, lo malo es que de todos los sitios les caiga la misma basura. Así es la vida. Así es la tele.
Hugo

El talante o el tamaño de la bufanda

Aznar llegó con una hora de retraso a un encuentro con sus entusiastas seguidores de la Universidad de Oviedo y como muestra claramente la fotografía, les enseña su reloj para que se vea bien la hora. Ante las protestas de los presentes recordándole que llevaban esperándole desde las 12, el ex presidente les indica con el dedo que era la una la hora acordada para la lección magistral titulada “El talante o el tamaño de la bufanda”.

Hugo

Las expectativas que no se cumplen

El problema de las expectativas es que no se cumplen, normalmente se quedan por debajo de lo que esperamos y, sobretodo, las ajenas. Me explico: uno se lleva un chasco cuando lleva tiempo esperando un resultado y cuando ocurre, te deja un vacío, como que “no era  para tanto”. Y encima si es otra persona la que te promete que “el coche te va a quedar niquelao”, que confíes en ella, que sabe de lo que habla. Es lo que los saxons dicen de forma elegante <<over-promissing, under-delivering>>.
Es decir, que mejor no prometer tanto, mejor quedarse corto al prometer y largo al entregar.
No sé si me explico…
Entonces, ¿el problema está en que esperamos siempre de más? El problema puede ser ese gap, ese puente inalcanzable que siempre produce insatisfacción. Produce ansia.
Para acabar de complicarlo, lo contrario tampoco nos vale: esperar siempre poco por sistema es como andar desconfiando de todo y no tener ilusión por nada, una vez más en el término medio está la virtud.

La funda de La Blasa

¿Harto de huellas en tu iPhone?¿De fundas-burka o abrigos de neopreno? ¿De dejarte una pasta en algo que afea lo inmejorable? Ya está aquí la funda de LA BLASA: con la suavidad de sus enaguas limpia tu aparato mientras no lo usas y su falta de glamour es un buen repelente para los cacos.

La funda de la Blasa, la encontrarás en ópticas de pueblo.

Los niños aprenden lo que viven

Me topé con este cartel el otro día en la Fundación Gayarre -al ir a llevarle cajas de madera de vino que en los talleres trabajan y decoran - y me dejó atrapado. Es como los 10 mandamientos en versión educación. Cuando lees una a una las frases te das cuenta si tanta monserga+matraca+el-mismo-rollo-repetido-100-veces hace algún efecto en ellos.

Aquí está la verdad en forma de verdades: menos rollos y más ejemplo.

Yo me callo para que puedas volver a leer el cartel.

Hugo impactado

Mis pre-juicios sobre el e-book

Una gran parte de la población no sabe qué es un e-book y la otra no cree que sea útil o una alternativa de lectura al libro de papel. Yo me encontraba inmerso en la segunda categoría y sin parar de preguntar lo mismo: ¿conoces a alguien que tenga un e-book o haya leído uno? No, pero es un fenómeno imparable; No hay vuelta atrás y nuestros hijos sólo leerán en pantallas (ya es algo). Esas son las respuestas más habituales, pero yo sabía sin saber, sin experimentar (que de eso va ahora todo) cómo es la lectura de un e-book.

Hasta que el otro día cenando con unos amigos, otro más tecky que yo, me habló de una aplicación para el iPhone que se llama Stanza. Tardé cero coma en bajármelo y en ver los grandes directorios para elegir y una vez descartados los clásicos (te imaginas leerte el Quijote en una pantallita) encontré uno en inglés sobre la evolución.

Como es gratis (al menos el 10%, y si te engancha, pagas el libro) empecé a leerlo y me llevé una gran sorpresa: se lee bien. Hablamos de experiencia de uso. Texto negro sobre fondo blanco (como el del ordenador), pero bien maquetado, puedes aumentar el tamaño del texto si la miopía te aprieta. Y con el detalle que todo lector aprecia al pasar la página: ver cómo se curva el papel al pasar tu dedo de lado a lado.

Conocidas son las otras ventajas de lo electrónico: no ocupa, lo usas y lo tiras. Si no entiendes algo, pinchas y sale un diccionario  y encima, se puede leer a oscuras (estas Navidades se ha ido la luz en la mitad de la casa) y acabo de disfrutar de una mini sesión de lectura. Otro punto, es que no necesitas guardar un papelito para ver por dónde vas. Él ya lo sabe. Es listo. Bienvenido.

Hugo hablando sobre e-books desde un MacBook

Papá Noel, ¡vaya elemento!

Nunca me ha caído bien el gordito de rojo. No sé si es porque me habrán convencido los Reyes Magos, que parecen como más nuestros, la cosa es que creo que Santa Claus está sobrevalorado: le critican los profetas de la dieta sana por su cinturita de avispa.

Le temen los Sres. de Prosegur por su afición a entrar en las casas de otros.
Le odian los curas, por rojo.
Pepsi no le aguanta, por ir con los otros.
Sus renos no respetan las señales de tráfico y andan traficando con puntos para no perder el carné.
Y encima, aunque sólo trabaja un día al año, sólo entrega regalos pequeñitos, del tamaño de un calcetín.
Este Santa es un mamón.
Viva sus majestades.
Hugo - unos días antes de que empiecen las fiestas.

Cada hoy es único

“La vida dura 30.000 días, a mí me quedan 12.000 y pienso aprovechar cada uno de ellos”. Así de rotundo, positivo y dueño de su destino suena Mike Horn uno de los últimos aventureros de nuestra época.

No es mi intención aquí de repetir sus proezas - ver el Dominical de El País de hoy - sino de reflexionar sobre semejante declaración de intenciones de alguien que lleva gran parte de su vida sacándole jugo y no quiere perderse ni una gota.

Hago unos pequeños cálculos para ver que 30.000 días equivalen a 82 años y que espera vivir 35 años más. Expresado en años, no dice mucho, parece más bien cuestión de estadística y de esperanza media de vida relacionada con la parte del mundo donde viva y sus hábitos de alimentación y ejercicio. Pero decir que quiere disfrutar todos y cada uno de los 12.000 días que espera vivir… eso es otra cosa. Muestra el deseo, convicción y compromiso de hacer todo lo posible por hacer que el día que empiece mañana merezca la pena. Y, ya puestos, lo que queda de hoy también

Ahora que viene un año nuevo suele ser momento para empezar listas de buenos propósitos, aunque igual, podría uno empezar ya y así empezar cuanto antes a saborear esos 12.000* días por vivir.

(*)NOTA: la cifra de 12.000 no tiene por qué ser exacta, a cada uno le queda la suya, lo importante es lo que se haga con esa cantidad. Es más, lo importante es lo que hagas hoy. Quedan unos 12.000 hoy (¿el plural de hoy? acabo de caer que la palabra “hoy” no tiene plural, por algo será… porque cada HOY ES ÚNICO).

Hugo, hoy