Elegir un cuadro para un salón

Para elegir un cuadro para el salón suele ser un buen punto de partida disponer de un salón propio con algún hueco en la pared donde colgar el cuadro, aunque no es imprescindible:  puede que el cuadro no vaya destinado al salón, o que ni siquiera sea para nuestra casa sino para regalar, o que no haya cuadro todavía por que el pintor todavía no lo ha pintado o, ni siquiera haya nacido. Pero, retomando el tema por donde debe ir, elegir un cuadro para un salón es todo un acontecimiento. Puede que el cuadro ya lo tengas ahí almacenado de algún viaje y fuera un flechazo, o una herencia incómoda que no sabes qué será peor si el disgusto de no verlo puesto el que te lo regaló, o tu disgusto por verlo puesto sin haberlo elegido tú.
Pero digamos que tienes dos de los tres elementos para la acción en cuestión (pared vacía y dinero) y sólo te falta elegirlo; aquí hay versiones para todos los gustos, desde quien elige un cuadro como una cortina a juego con el sofá escandinavo; o el que busca un tema que siempre le ha gustado y acaba con un póster de Tintín en la pared; o quien se lo curra un poco y se inspira en las casas decoradas de los famosos que aparecen en la prensa cardiaca; o un poco más y van a museos, visitan galerías, ven exposiciones, buscan y compran lo que al final les dice su instinto (o el de su cuenta bancaria). Ahora se lleva mucho lo de poner una foto en grande en plan cuadro, no necesariamente de la comunión de las gemelas, o versiones pop de los iconos del cine. O hay quien se gusta verse a todas horas y se hace un retrato (cuadro o foto). Hay de todo. Pero no me negaréis que una vez colgado el cuadro en el salón nada volverá a ser como antes. Desearás salir del ascensor y entrar pitando en casa para verlo. Te alegrarás de que esté ahí a la vuelta de unas vacaciones. Suspirarás por que el que haga la limpieza no pruebe el KH-7 y su milagro anti-grasa para quitarle el polvo.
Aunque todo alrededor cambie con los años, esperas que tu cuadro no caiga en el síndrome de Dorian Grey y se vuelva zombi mientras tú te quedas más estirado que Tita Cervera. Tu cuadro y tú. Es una elección importante para el resto de tu vida, no pienses si a tus hijos les gustará porque a tu nuera seguro que no. Da igual. Es tu cuadro, es tu salón. Y punto.
Hugo, a finales de verano.

Ver la vida de color verde-hope

Puede que la vida no sea verde, pero tampoco es gris como se empeñan algunos. Las cosas que nos molestan son un marrón y cuando no vemos claro el panorama, decimos que está muy negro. ¿Cómo era eso de que la vida es según del color del cristal con el que se mira? Pues eso, a veces los árboles no nos dejan ver el bosque y tan sólo necesitamos alejarnos un poco para ver las cosas con perspectiva.
Como la esperanza es lo último que se pierde (eso debe pensar Rajoy de su incómoda, pero necesaria señora Aguirre), acabo de poner nombre al color con el que pienso mirar los nubarrones, con el que afrontar un pinchazo en plena escapada, con el que responder a los que parece que se empeñan en hacerte la vida más incómoda. Ese color se llama verde-hope.
Es un color inventado, pero como las meigas, funciona a gusto del consumidor. Es una apuesta, es una manera de poner buena cara a tanto water-party profesional. Porque el que no se consuela es porque no quiere.
Verde que te quiero verde, verde esperanza.

Hugo, en plena chicharra mesetera añorando el verde de arriba.

Él, industrial; ella, sus labores

Venancio, 62 años, manchego de pura cepa (el queso y el vino siempre han ido bien), de profesión, industrial. Casado con Lucilda, 61 años, del pueblo de al lado, se conocieron en las fiestas del pueblo de un verano de posguerra cuando a éste se le quedó parado el Hayga (expresión del lujo de la época cuando el que quería impresionar pedía el coche más grande que hayga) y tuvo que esperar tres semanas a que le trajeran los repuestos, luego vio el filón de la automoción y montó su taller de chapa y pintura.
Ella de profesión, sus labores. ¿qué labores, las suyas? No, las que Don Venancio no hacía por a) estar muy ocupado trabajando en su pequeño imperio local o b) porque ni sabía cómo ni le molaba hacerse la cena, plancharse las camisas ni hacer la compra (en la posguerra no había Internet…).
Para industriales, los de antes:  como el señor Goicoechea, ése que inventó el Talgo; el Sr. Revilla, que luego resultó ser un poco chorizo; o aquellos que se hicieron famosos por ponerle un palo a todo lo que veían (el Sr. Vileda y el Sr. Chupa Chups). Los industriales de fuera, esos son conocidos en más pueblos que el suyo por tener nombre de lavadora (Von Siemens), de coche negro (Mr. Ford) o de ordenador, como Michael Dell. Sí, señores sí, esos si que podían sentirse orgullosos y auto proclamarse “industriales”. Y sus esposas, ¿también se dedicaban a sus labores? ¡Tantos idiomas y tanto invento para acabar en lo mismo!
Pues menos industria y un poquito más de aprender a hacer unos espaguetis negros a la sepia con salsa de queso La Peral (mi último hallazgo veraniego) y así nuestras hijas y nuestros hijos podrán elegir cuáles son sus labores.

P.D. ¿alguien reconoce la pareja de la foto?

Hugo, escuchando a George Winston

Vacaciones y la ley de los contrastes

Vacaciones, breve huida del calor de la meseta hacia las tierras verdes del norte. Los sentidos se merecen un baño fresquito de mar salada, la piel se refresca con el orbayu asturiano. Vacaciones, este año son más breves, pero intensas. Oportunidad de conocer cómo viven los monjes del monasterio de Valdedios, en Villaviciosa, fieles al ora et labora; últimos vestigios de los monjes medievales del nombre de la rosa. También tuve la oportunidad de conocer a personas que hacen de su vida algo interesante entregados a ayudar en África a los que más lo necesitan, que siempre los hay. Tiempo de vivir los mensajes del Camino con su ritmo de no-consumo, mucho caminar y la constatación de la ley de los contrastes: no hay bocado más sabroso que el que te tomas con mucho hambre, redescubres el sabor del tomate comido en una cuneta o las ciruelas que graciosamente encuentras en cada curva. Descubres el valor de la generosidad de la gente que vive en el campo, que ve pasar a un grupo de mochileros y les mete en su casa para ofrecerles agua fresca y fruta a cambio de un poco de conversación. Vacaciones, saben tan bien por que son pocas. Ya sabes, la ley de los contrastes.

Hugo, bajo un cielo plomizo de los que puede que levante…

La calor

La caló suena a Sur, quizá porque allí entienden bien del tema, como los beduinos del desierto con sus túnicas blancas para evitar tanto reflejo. Claro, ¿y por qué los Tuareg van de negro? Y no me refiero a los de 4 ruedas, coche preferido de los concejales de urbanismo y fauna afín. Bueno, volvamos al tema, que con estas temperaturas no se puede dar vueltas en falso. Realmente no se puede hacer mucho de nada. Quitando el remojo, tomar cervezas bien fresquitas o el tinto de verano con el limón en plan camiseta de la Roja…

El calor, como todo fenómeno climatológico es buen tema de ascensor: vaya calor hace hoy .- Eso no es nada con lo que dicen que se avecina, vecina. También vale para intercambio rápido con conocido de piscina o con el pescadero, aunque ese suele estar más fresco que una lechuga (situada en el comercio de al lado, también conocido por frutería).

Pues qué queréis que os diga, con calor no hay quien viva. Se está más fresquito trabajando,  o en el El Corte Inglés, que no suelen hacer caso a las recomendaciones del ministro sin corbata y tiran de frigorías que da gusto. Aunque mucho frío tampoco es bueno, me refiero a que en la calle marque 40º y entres a comer a un VIPS y te quedes como Stalin (¿o era Lenin al que tienen embalsamado en la Plaza Roja de Moscú cual croqueta Frudesa?). El calor hace tanto mal al organismo que a más de uno le pocha (como a la cebolla) el cerebro y sale a lucir su descapotable cuando el asfalto parece la falda del Teide en sus buenos tiempos, cuando había lava como Dios manda. NOTA: no está claro que Dios haya opinado nunca sobre volcanes, lavas, ni descapotables en plena meseta castellana.

Los que saben hacer el agosto con el tema son los chicos de la publicidad que le ponen gotitas de rocío a todo para que vayas directo a tomarte una coca, luego un helado, luego las croquetas Frudesa de antes y al final brindes con Ron Pampero, famoso en el mundo entero.

Lo dejo aquí, que me derrito. Me voy a consumir (both).
Hugo en un julio calentito

A la vejez ciruelas 2.0

Siempre me ha chocado que haya gente mayor con mucha vida, con aspecto joven, con aficiones e interés por las cosas y otras no, más mustias que las ciruelas de Borges. Aunque también hay pasas con pocos años, no parece una cuestión cronológica, sino de espíritu, de ganas de vivir que se traduce en inquietud, en curiosidad, en motivos para seguir buscando, para seguir luchando.
Ejemplos longevos los hay en las artes, las ciencias, en todas las disciplinas. El elemento común parece el deseo de que llegue el día siguiente para hacer grandes cosas. La intensidad con la que se vive la vida con la sensación de que todavía hay cosas que te sorprenden. Que bueno es estar despierto a la lección y no de vuelta de todo, como si ya lo supiéramos todo, o peor, como si no quisiéramos probar nada nuevo, por miedo.
Al parecer, hay gente mayor en la red que hace sus cositas, como lo que hacemos la mayoría en internet: ver correos y conectar con amigos; leer periódicos y temas que te interesan; seguir tus hobbies. Me encanta, es más, hace poco un lector de este blog me hizo algún comentario sobre que determinado punto de vista parecía ser muy joven o ingenuo. Indagué un poco, cruzamos un par de correos y visité su blog. Ya pasaba los 70 y seguía coleando…
Pues eso, a la vejez, un perro para los paseos, y un buen mac para seguir conectado en busca de ciruelas.

¡Viva la roja aunque vaya de azul!

En un mundial empiezan 32, se clasifican 16 y como en el baile de las sillas, en cada partido se va uno a casa. A cuartos pasan los 8 supervivientes, de ellos 4 a casita y los otros a jugar las semifinales, que es donde está ahora España. Sin que haga falta calculadora, ya se han ido 28 equipos de vacaciones y en sus respectivos países se habrá escrito mucho sobre la madre de cada entrenador de turno. En concreto de la de Maradona y  Dunga. Ahora son unos villanos, unos engreídos, se creían dioses, y nos han hundido. ¡Qué humillación para naciones que nacieron para estar en lo más alto! Bueno, y si hubieran ganado uno o dos partiditos más, ¿entonces qué? ¿Seguirían siendo unos traidores o les recibirían como a héroes? Nos quedan 2 días para enfrentarnos al primer equipo serio, por mucho que se diga que no hay rivales pequeños y que si han llegado hasta aquí, se merecen un respeto. Lo que quieran, pero Alemania, sí es un rival serio y contundente (según la historia y las estadísticas mundialísticas), si perdemos se dirá que no había que sacar a Torres, que perder en cuartos ya es historia y otras cosas tan previsibles. En un país con tanto seleccionador en potencia (uno en cada casa y varios en el bar), todos lo hubieran hecho mejor. Ahora resulta que España no está jugando bien, pero está haciendo historia. Debe ser eso lo que quería el pueblo, algunos todavía esperamos que venga el partidazo, con goles, con Niño y con victoria, sea contra Alemania o los siguientes…
¡Viva la roja aunque vaya de azul!
Hugo identificado con los chistes de Forges del mundial.

Dejemos en paz a las celebrities

Ahora resulta que Hitler no se suicidó en el búnker sino que escapó a Argentina y en su huida pasó por Asturias donde estuvo hospedado en un hotelito cuya dueña tiene una nieta que el otro día contaba las sospechas de su abuela (en la radio de madrugada), momento que el führer aprovechó para poner tierra (y un océano) por medio y montar un negocio de pollo crujiente.

Con un poco de suerte habrá conocido a Elvis que después de pasar por Incosol y de arreglarse los trajes blancos ahora reparte flyers (o debería decir octavillas) a los pies del rascacielos Torre in Tempo de Benidorm donde los jueves dicen que actúa Michael Jackson acompañado en los bailes de tapa de alcantarilla por Marilyn. Y James Dean juega en el Osasuna que acaba de ser comprado por un magnate de mucho peso y un poco Gil.
En este circo conspiranóico en el que no dejamos en paz a los muertos los hay que están muy vivos haciendo el negocio a su costa. Sólo falta que digan que la silueta que se ve en una de las ventanas ardiendo de la Torre Windsor es la de Lady Di o la de Lady Gagá, ya puestos…
Hugo, esperando octavos

Lo siento, no tengo tiempo…

No tienes tiempo o ¿no tienes ganas?

Del tiempo se dice de todo: que es oro. Que se escapa (Tempus fugit) y sobretodo que nunca hay suficiente.

El tiempo, como casi todo, es cuestión de prioridades: se elige lo que uno quiere hacer y lo hace. Parece sencillo, pero no siempre sabemos distinguir las cosas importantes (las que ayudan a conseguir un resultado en algo que consideramos importante) de las urgentes (algo que hay que hacer inmediatamente para evitar un mal mayor, pero que no siempre aportan mucho valor).

Pues en esa escala de elegir lo que vamos a hacer y lo que no es donde se mueve el poder buscar un hueco para las cosas que nos gustan o hemos decidido que nos gusten. Por ejemplo, hacer deporte.

¿Por qué no montas en bici? Lo siento, no tengo tiempo.

Me debería apuntar al gimnasio, pero no tengo tiempo.

Creo que debería ir más a visitar a mi madre, pero no tengo tiempo.

Mentira, mentira y 3 veces mentira. El tiempo ni se crea ni se destruye, sólo se utiliza como un recurso escaso.

La próxima vez que oigas “lo siento, no tengo tiempo” quizás estén pensando que no tienen ganas.

Pues eso, me voy que tengo que hacer más cosas.

Hugo, con el tiempo revuelto.

Ir a la peluquería


Ir a la peluquería es como hacer el mantenimiento del coche, te dejas la pasta y no disfrutas nada. Por 18 pavos, puedes comprar 2 entradas de cine y unas pipas. En la pelu, no te dan ni pipas, bueno sí, un caramelito con su marca.

Es la revisión de cada 5.000 km, sabes que la tienes que hacer, pero nunca quieres que llegue el momento. Y cuando llega y sueltas la pasta, no te da el subidón post-consumo.

Además las peluquerías de caballeros no son sitios cool. Primero porque las revistas las eligen las peluqueras para sus clientas: corazón, cotilleo y fotos de gente perdiendo el tiempo. Y el resto, son revistas de coches que no le veo el interés si no estás pensando cambiar de carro. Claro, que yo leo blogs de Apple y tampoco estoy pensando cambiar de mac. Pero, no es lo mismo.
Volviendo al tema del post, el vestuario que te ponen para que no te manches, cada día es más aparatoso y sigue dejando algún pelillo perdido. En general, la pelu no es sitio agradable: vas y te toca esperar, no se puede pedir hora. Luego, te pones a leer una de esas revistas de coches atrasadas y al rato te quitan las gafas para poder moverse mejor. Con lo cual solo te queda el recurso de la conversación. Chungo, no encuentro muchos temas con mi peluquero.
Cuando ya parece que ha acabado, te falta lavar el pelo: te sientan en un potro de tortura para estirar el cuello tipo masai. Y antes de dejarte ir en paz, te ofrece siempre el juego de los espejos para que veas en directo los ángulos que nunca ves y que pretendes seguir sin ver. Siempre te pregunta si está bien así y siempre te entran ganas de contestar que mejor un poco más largo. Pagas y te vas. Hasta los próximos 5.000 km.

Hugo, tras el motín de esquilache.