La funda de La Blasa

¿Harto de huellas en tu iPhone?¿De fundas-burka o abrigos de neopreno? ¿De dejarte una pasta en algo que afea lo inmejorable? Ya está aquí la funda de LA BLASA: con la suavidad de sus enaguas limpia tu aparato mientras no lo usas y su falta de glamour es un buen repelente para los cacos.

La funda de la Blasa, la encontrarás en ópticas de pueblo.

Los niños aprenden lo que viven

Me topé con este cartel el otro día en la Fundación Gayarre -al ir a llevarle cajas de madera de vino que en los talleres trabajan y decoran - y me dejó atrapado. Es como los 10 mandamientos en versión educación. Cuando lees una a una las frases te das cuenta si tanta monserga+matraca+el-mismo-rollo-repetido-100-veces hace algún efecto en ellos.

Aquí está la verdad en forma de verdades: menos rollos y más ejemplo.

Yo me callo para que puedas volver a leer el cartel.

Hugo impactado

Mis pre-juicios sobre el e-book

Una gran parte de la población no sabe qué es un e-book y la otra no cree que sea útil o una alternativa de lectura al libro de papel. Yo me encontraba inmerso en la segunda categoría y sin parar de preguntar lo mismo: ¿conoces a alguien que tenga un e-book o haya leído uno? No, pero es un fenómeno imparable; No hay vuelta atrás y nuestros hijos sólo leerán en pantallas (ya es algo). Esas son las respuestas más habituales, pero yo sabía sin saber, sin experimentar (que de eso va ahora todo) cómo es la lectura de un e-book.

Hasta que el otro día cenando con unos amigos, otro más tecky que yo, me habló de una aplicación para el iPhone que se llama Stanza. Tardé cero coma en bajármelo y en ver los grandes directorios para elegir y una vez descartados los clásicos (te imaginas leerte el Quijote en una pantallita) encontré uno en inglés sobre la evolución.

Como es gratis (al menos el 10%, y si te engancha, pagas el libro) empecé a leerlo y me llevé una gran sorpresa: se lee bien. Hablamos de experiencia de uso. Texto negro sobre fondo blanco (como el del ordenador), pero bien maquetado, puedes aumentar el tamaño del texto si la miopía te aprieta. Y con el detalle que todo lector aprecia al pasar la página: ver cómo se curva el papel al pasar tu dedo de lado a lado.

Conocidas son las otras ventajas de lo electrónico: no ocupa, lo usas y lo tiras. Si no entiendes algo, pinchas y sale un diccionario  y encima, se puede leer a oscuras (estas Navidades se ha ido la luz en la mitad de la casa) y acabo de disfrutar de una mini sesión de lectura. Otro punto, es que no necesitas guardar un papelito para ver por dónde vas. Él ya lo sabe. Es listo. Bienvenido.

Hugo hablando sobre e-books desde un MacBook

Papá Noel, ¡vaya elemento!

Nunca me ha caído bien el gordito de rojo. No sé si es porque me habrán convencido los Reyes Magos, que parecen como más nuestros, la cosa es que creo que Santa Claus está sobrevalorado: le critican los profetas de la dieta sana por su cinturita de avispa.

Le temen los Sres. de Prosegur por su afición a entrar en las casas de otros.
Le odian los curas, por rojo.
Pepsi no le aguanta, por ir con los otros.
Sus renos no respetan las señales de tráfico y andan traficando con puntos para no perder el carné.
Y encima, aunque sólo trabaja un día al año, sólo entrega regalos pequeñitos, del tamaño de un calcetín.
Este Santa es un mamón.
Viva sus majestades.
Hugo - unos días antes de que empiecen las fiestas.

Cada hoy es único

“La vida dura 30.000 días, a mí me quedan 12.000 y pienso aprovechar cada uno de ellos”. Así de rotundo, positivo y dueño de su destino suena Mike Horn uno de los últimos aventureros de nuestra época.

No es mi intención aquí de repetir sus proezas - ver el Dominical de El País de hoy - sino de reflexionar sobre semejante declaración de intenciones de alguien que lleva gran parte de su vida sacándole jugo y no quiere perderse ni una gota.

Hago unos pequeños cálculos para ver que 30.000 días equivalen a 82 años y que espera vivir 35 años más. Expresado en años, no dice mucho, parece más bien cuestión de estadística y de esperanza media de vida relacionada con la parte del mundo donde viva y sus hábitos de alimentación y ejercicio. Pero decir que quiere disfrutar todos y cada uno de los 12.000 días que espera vivir… eso es otra cosa. Muestra el deseo, convicción y compromiso de hacer todo lo posible por hacer que el día que empiece mañana merezca la pena. Y, ya puestos, lo que queda de hoy también

Ahora que viene un año nuevo suele ser momento para empezar listas de buenos propósitos, aunque igual, podría uno empezar ya y así empezar cuanto antes a saborear esos 12.000* días por vivir.

(*)NOTA: la cifra de 12.000 no tiene por qué ser exacta, a cada uno le queda la suya, lo importante es lo que se haga con esa cantidad. Es más, lo importante es lo que hagas hoy. Quedan unos 12.000 hoy (¿el plural de hoy? acabo de caer que la palabra “hoy” no tiene plural, por algo será… porque cada HOY ES ÚNICO).

Hugo, hoy

Ahora que estoy vivo

Llevaba tiempo dándole vueltas al tema de la vida y la muerte, un tema que te hace reflexionar cuando tienes una pérdida cercana y que mirando hacia adelante te planteas: ¿qué puedo hacer yo por los que todavía están vivos? Especialmente cuando piensas en tus mayores y te dan ganas de no desaprovechar el tiempo que te queda junto a ellos. Pues bien, por casualidad me he encontrado con esta poesía que refleja mil veces mejor que yo mis propios sentimientos. No sé de quién es, y por tanto, no puedo darle las gracias, pero sí compartirlo con vosotros.

“Prefiero que compartas conmigo unos minutos, ahora que estoy vivo y no una noche entera, cuando yo muera.Prefiero que estreches suavemente mi mano ahora que estoy vivo, y no que apoyes tu cuerpo sobre mi cadáver, cuando yo muera.Prefiero que me hagas una breve llamada ahora que estoy vivo y no que emprendas un inesperado viaje, cuando yo muera.Prefiero que me regales una sola flor, ahora que estoy vivo, y no que envíes un hermoso ramo, cuando yo muera.Prefiero que eleves por mi una corta oración,ahora que estoy vivo, y no una eucaristía cantada y concelebrada, cuando yo muera.

Prefiero que me digas unas palabras de aliento ahora que estoy vivo, y no un desgarrador poema, cuando yo muera.Prefiero que me escribas unas cortas palabras, ahora que estoy vivo, y no un poético epitafio sobre mi tumba, cuando yo muera.Prefiero disfrutar de los más mínimos detalles tuyos, ahora que estoy vivo, y no de grandes manifestaciones de pesar, cuando yo muera.¡La vida nos da la hermosa posibilidad de demostrar nuestros afectos a los seres amados, no la desaprovechemos!”

¿En vivo o enlatado?

Hay cosas que ganan mucho en vivo como la música, que te contagia del ambiente, tarareas el único estribillo que se sabe todo el estadio, e incluso enciendes una velita 3G, es decir el móvil. Esa atmósfera de compadreo en la que haces coros, das brincos y abrazas a la maciza de al lado con la excusa del directo, sin embargo no funciona cuando tienes puestos tus auriculares y tranquilamente vas dando un paseo por el campo cuando los coristas ahora te parecen bandarras que destrozan una canción con sus afonías juveniles.

Eso no mola. Los conciertos, mejor en vivo, como el tenis o el padel.

Hay otras cosas, sin embargo, que ganan con la tele: por ejemplo, las bicis. ¿Te imaginas echarte la siesta en verano viendo en tour desde una curva de los Alpes? Incluso, el fútbol, yo lo prefiero por la tele, te destacan lo importante y lo repiten por si te lo has perdido al levantarte a por la cervecita.

Los discursos de Navidad del Rey, mejor por la tele y a ser posible “de fondo”. Tampoco ganaría mucho saber que lo hace en directo a las 9 de la noche. Ni tampoco me imagino los Simpsons en vivo.

El telediario de las 3, hasta hace poco pensaba que debía ser a las 3 y punto ( y en punto). Pues, los chicos de la TDT te lo ponen un ratito más tarde en el canal 24 horas por si había atasco. Hay pocos mitos que se resistan al diferido. Pensaba en las campanadas de nochevieja o el chupinazo de los sanfermines.

Lo enlatado gana adeptos, véase las sardinas con tomate o el atún. O es que hay alguien que sacrifica un bonito para tomarse una  ensalada a las 4 mientras ve las noticias de las 3.

Lo dicho, esto lo escribo en vivo y tú lo podrás leer desde tu ordenador de casa, el del curro, o mirando por encima del hombro del que va en el asiento delante en el bus haciendo gala de su recién estrenado iPhone.

Hugo, desde Asturias - puente de la Constitución, la que alguno quiere retocar…

Si Van Gogh hubiera nacido en esta época

Si Van Gogh hubiera nacido en esta época sería un joven multimillonario, sus cuadros rompedores le habrían dado más beneficios que el mísero cuadro que pudo vender en vida. Aficionado al trueque le pagaba a su siquiatra con cuadros - Retrato del Doctor Gachet (hoy se hubiera pagado $82,5M) - a su casera, la dueña del prostíbulo donde le gustaba vivir.

Si Van Gogh hubiera nacido en esta época también hubiera muerto joven, llevaba el suicidio en la sangre y en los genes. Tres de los seis hermanos acabaron mal y pronto. Parece que el fuerte carácter  del padre nunca aprobaba ninguno de sus sueños. Le hubieran montado un pollo al del Registro Civil por ponerle el mismo nombre que su hermano mayor que murió antes que él.

Si Van Gogh hubiera nacido en esta época hubiera tenido clases de apoyo por sus malos resultados académicos, hubiera sido despedido  de Amazon por hacer críticas negativas de las compras del público, de no leer a los clásicos, de ignorar lo importante. Tampoco hubieran sido bien recibidos en Christie´s sus puntos de vista sobre los gustos de los clientes.

Si Van Gogh hubiera nacido en esta época hubiera pintado a modelos sacados de la calle o de books olvidados en agencias de modelos y no hubiera tenido que hacer una y mil veces el retrato que tenía más a mano (y al alcance del bolsillo): el de su propia cara. Hoy los forenses modernos hubieran determinado mejor el corte de la oreja y lo hubieran atribuido sin género de dudas al Sr. Gauguin.

Si Van Gogh hubiera nacido en esta época seguiría siendo feo, pero eso con tanta pasta lo hubiera arreglado en la Clínica Barragán y no le hubiera arruinado la vida.

Si Van Gogh hubiera nacido en esta época ojalá que  su genialidad no se hubiera malogrado y que la locura que le traía de cabeza  (con tajo a la oreja inclúido) y que sólo apaciguaba con el pincel, también hubiera hecho grandes creaciones para deleite de los que queden en los siglos venideros.

La vida NO es un juego

La película The Game (El juego) protagonizada por Michael Douglas plantea el tema de vivir la vida como un juego, o más concretamente, de añadir una experiencia límite para que alguien reaccione ante una vida cómoda y rutinaria. Su propio hermano le hace un regalo sorpresa por el cual una empresa le organiza una vivencia de aventuras en las cuales él es el protagonista, pero no el que tiene control de la situación. Desde simular el robo de todas sus propiedades, cancelar sus tarjetas de crédito, organizar un intento de asesinato tirando su coche al rio… una serie de vivencias fuertes para alguien que tiene una vida cómoda cuyos árboles parecen no dejarle ver el bosque.

Son desgracias de las que nunca vienen solas y que culminan con el intento de suicidio del protagonista. Un final un poco fuerte para decir que todo vale con tal de hacer que uno despierte, de ver cómo reacciona en situaciones límite. Lo que aparenta ser un final feliz porque el protagonista no llega a morir y todos sus amigos le esperan en una fiesta sorpresa, creo que no tiene una lectura positiva en la vida real. A una persona que esté enfrascada en su cálida rutina, la sometes a esa serie de aventuras y si al final decide cortar por lo sano y tirarse al vacío abajo no va a ver la colchoneta para amortiguar la caída.

El argumento de la película no es consistente: tenía que haber acabado mal y dejar que el hombre que arrepentido de haber pegado un tiro a su hermano, decide saltar de un edificio, se mata y punto. Hubiera sido un montaje llevado al límite que se les va de las manos y su víctima no pudo superarlo. Pero Holywood da una segunda oportunidad regada con champagne.

Y fuera de las pelis, ¿podemos vivir la vida como un juego y bajarnos a tiempo? Igual necesitamos un poco de juego en nuestra vida, de no tomarnos todo tan en serio. Hay que saber usar las máscaras y no impresionarse por las que llevan otros.No hay recetas, pero seguramente un poco más de juego relajaría las tensiones.No es broma. Va en serio.

Hugo - 22.nov.2009

Derechos mundiales, como los artículos de Vargas Llosa en El País

Abstinencia previa a los partidos

Los futbolistas tienen prohibido practicar relaciones sexuales antes de los partidos (la medida no dice nada de los espectadores), por eso no está permitido que sus esposas acudan a las concentraciones y dentro de poco, se lo impedirán también a amigas, amantes y compañeros de banquillo. El motivo parece estar basado en la vieja creencia de que el sexo provoca cansancio y luego no se rinde bien en el campo (ni en la playa). Estudios más serios equiparan el enorme esfuerzo polvorín a subir un tramo de escaleras, que en principio, cualquier deportista en activo, debería superar sin dificultades.

La cosa es que entre los impuestos a los deportistas extranjeros y la abstinencia previa al acto (deportivo) a uno se le están quitando las ganas de dedicarse al deporte profesional. Aunque igual uno ya no tiene edad para eso y todavía puede aspirar a ser presidente de la tele. El recién nombrado tiene 81 añitos y como dice Trillo (el de Perejil y el que dijo “Viva Honduras” en su visita a El Salvador), lo que cuesta creer no es que tenga esa edad, sino ese aspecto tan juvenil. Me pregunto si tampoco podrá practicar ello antes de un consejo de administración.

Domingo recuperado…

Hugo