El tiempo es vida

Imagina un futuro donde todas las personas sean jóvenes, donde el reloj de la vida se detenga a los 25 años y todos tengan el mismo aspecto: madre, hijas y abuelas. Un futuro donde la moneda de curso legal sea el tiempo: un café, 2 minutos; el billete del autobús, media hora; tu sueldo, una semana… de vida.
Pues ese es el argumento de la película “In Time” que pinta ese futuro tan tremendo con cuerpos juveniles que nacen con un contador digital insertado en el brazo izquierdo que marca el tiempo disponible que a cada uno le queda de vida.
Narrada en tono de thriller de ficción la película hace reflexionar sobre el verdadero valor del tiempo, que es medible y se nos va agotando. Como los pobres (en la trama) viven al día literalmente porque su contador no marca más de un día de vida, mientras los ricos han conseguido el sueño de la longevidad, a base de robar a los demás pueden llegar a vivir más de 100 años con el cuerpo de su bisnieta.
Aborda el tema del tiempo desde innumerables puntos de vista: su valor, su escasez, también han previsto que se pueda transferir a otras personas (basta con juntar las manos y se produce el handshake).
En la ficción los ricos viven rodeado de lujos y con el aburrimiento propio de los que saben que su vida no corre peligro, tan solo pueden morir por accidente o asesinato. La hija del protagonista malo es raptada para obtener un rescate y arrastrada al mundo marginal de los que viven al día y por primera vez, encuentra sentido a su vida: la emoción, el riesgo, la sensación de poder perderlo todo y de que las cosas, por tanto, tienen su valor.
Cuando todo es abundante nada se valora en su justa medida, basta con que nos falte algo - aunque sea temporalmente - para verlo con ojos cargados de curiosidad/necesidad.
Una película interesante donde la gente roba y mata por ganarle unos cuantos días a la vida. Una lección para todos el saber lo que vale cada uno de los 80.400 segundos que tiene cada día de nuestras vidas. 80.400 pequeñas pepitas de oro o gotas de agua que se van a parar a la mar. Cada uno elige.
© Hugo, disfrutando del cine en el cine

Cuida tu cuerpo como a tu coche (al menos)

Si eres de los pocos bípedos occidentales que no tiene coche, deja de leer esto o espera a que abran los concesionarios.

Pero el resto, le prestamos, por lo general, más atención a un trasto que suele durar entre 4-6 años (en tiempos de crisis se puede multiplicar por 2 o por 3, dependiendo de la duración de ésta) que a nuestro cuerpo serrano que está pensado para toda una vida.

Todo depende de sus cuidados. Veamos:

Si al coche le echas sopa (no de pollo, ni de ganso, sino de Brendt del bueno) poco antes de que un aviso naranja te corte el hipo, al cuerpo le deberías alimentar con cierta regularidad también. Ni mucho ni poco, ni para volverlo loco. A que no se te ocurre ponerle gasolina marca blanca…, pues entonces no ingieras lo primero y más cómodo.

Los coches de ahora nacen ya aprendidos y se saben todas las fechas de cuando necesitan sus cositas. Un sonido aquí un luminoso allá y pasas por boxes para su mantenimiento. Pues no esperes a que el dentista te tenga que felicitar las navidades y recordarte que entre un diente y otro solía haber espacios libres. Y no hablemos de su limpieza, bueno quizás no sea un buen ejemplo pues el coche puede aguantar bien la arena de la playa de un año con el confeti navideño del siguiente.

Cuando las ruedas pierden presión no sueles esperar a que el tubo de escape roce con el suelo para poner remedio, pues tampoco conviene ignorar esas llamadas de atención corporales en forma de dolores de cabeza, pinchazos en la espalda, calambres, vértigos y demás síntomas de panfleto farmacéutico. Tu cuerpo es tu mejor amigo, por mucho que le moleste al perro perder ese puesto. Lo que no hagas tú por él no lo harán en el taller. O sí…

© Hugo empezando el año nuevo subido a la bici.

Feliz año 2012

En estas señaladas fechas lo normal es desear lo mejor para el año que empieza, una ola de buenismo nos invade.

Embrujados en buenos sentimientos nos dejamos arrastrar por el contagioso te-deseo-lo-mejor. Claro, como es gratis y no cuesta un duro, pues todos a desear de todo lo bueno para el año nuevo. Y además, como en estas fechas no conviene hacer balance y nuestra memoria reciente se relaja, pues seguimos mirando hacia adelante.

Porque a un Feliz-2012 no se suele contestar con un “no creo, como sea como 2011, déjame que te cuente…” No deja, si me hago una idea… Bueno que tengo prisa, que me quedan 85 amiguitios en Facebook a los que desear lo mejor para el año que viene, que cuando llegue, como ya nadie se acuerda, pues ahí queda eso.

Al decir ola de buenismo, no se malinterprete pensando que lo contrario es más saludable. Tampoco es de recibo la actitud sospechosa ante los buenos deseos o el que reniega de la Navidad por sistema o de hacer regalos el día de San Valentín por ponerse a los pies de El Corte Inglés.

¿Dónde quiero ir a parar con todo esto? Difícil de saber. Hasta que no lo veo escrito no se por dónde voy a tirar. Imagino que la cuestión es no estar obligados a estar felices porque lo dicte el calendario, ni cabreados por llevar la contraria. Que hay muchos días en el año para disfrutar y hacer felices a los demás. No sólo en navidades, que luego llegan las rebajas de enero y se nos apagan las buenas intenciones.

Con todo y con eso, Feliz año 2012, que si algo es seguro es que será irrepetible.

© Hugo, antes de preparar la cena de nochevieja

Templos modernos

Los grandes palacios - como Versalles -  se hacían con la intención de impresionar y dar la medida de la grandeza de sus monarcas o emperadores. Pues los emperadores modernos, como lo fue Steve Jobs, llevando su imperio por todos los mares conocidos quería tener unos templos a la altura de las riquezas (gadgets) de su interior y no le valía el tipo de tiendas donde se vendían los ordenadores en los años 90, ni las grandes superficies de las afueras (lo que aquí podría ser ahora MediaMark).

Y se pone en acción, con el empeño obsesivo, sensibilidad estética y gusto por el detalle con lo que hizo todo en su vida.

Partió de cero, se fijó en los creadores que habían desarrollado los mejores espacios comerciales y le encantó el resultado de las tiendas Gap que controlaban tanto el producto (solo vendían esa marca en las tiendas) como la experiencia de compra (sus productos se vendían casi exclusivamente en tiendas Gap). Y ese concepto le chifló y no escatimó en medios (puso a trabajar a Mickey Drexler, el creador de Gap) ni en los mejores materiales (suelos de un granito exclusivo procecente de Florencia, cristales donde no se vieran las uniones y parecieran casi suspendidos, escaleras de entrada traslúcidas).

El gran consejo que recibió fue  que hiciera una tienda piloto y que no parara de hacer cambios hasta estar plenamente satisfecho. Estuvo seis meses haciendo pruebas de materiales, colores, distribución del espacio y cuando se acercaba la fecha comprometida para el lanzamiento tuvo una de esas intuiciones que le dicen que debía parar, que algo no funciona, que la tienda no debe estar organizada por  productos,  sino por las “cosas que la gente hace” como ver películas en el ordenador, editar videos. El trabajo de seis meses tirado a la basura, pero tenía que cambiar la orientación porque sabía que solo había una ocasión para causar una primera buena impresión. Esta manera de no precipitarse es lo que le hacía diferente de otras compañías que preferirían tirarse a la piscina con lo ya hecho y ya lo cambiarían más tarde.

Y así se hacen los nuevos templos del consumo, el resto es historia.

© Hugo el día de Navidad

La paradoja del microondas y el baño María

Para los dolores de espalda recomiendan el calor local: primero estaban las bolsas de agua caliente de las abuelas, luego con la llegada de la electrificación de la sociedad vino la manta eléctrica (que hay quien dice que sus radiaciones son peores que los males que curan) y ahora han inventado unas bolsitas de gel que se meten en el congelador o se calientan, según el caso. Pues ahí vamos: para calentarlo, el fabricante recomienda meterlo 30 segundos en el microondas (que también es sospechoso de radiaciones) o 15 minutos en agua caliente. El resultado parece el mismo pero no lo es: el que se calienta rápido se enfría todavía más rápido, mientras que el que se toma su tiempo mantiene la temperatura un par de horas. Es el signo de nuestros días. Easy comes, easy goes, que dirían por las islas (las Británicas y las Canarias).

Lo mismo pasa con la salsa de tomate para los espaguetis: se puede abrir una lata o pelar los tomates y chup-chup a fuego lento. Uno elige, pero el resultado no es el mismo. Nunca lo es. Se me ocurren mil ejemplos cotidianos: una cama bien hecha frente al edredón caído del cielo; un trayecto en AVE o un viaje a pie disfrutando de los olores, sonidos y sensaciones del paisaje; una frase de pésame rápida tipo “te acompaño en el sentimiento” o sentarse con la persona y acompañarla de verdad; una peli de acción con toda su parafernalia de efectos especiales frente a un  buen libro; una dieta milagrosa de 4 días a melón o unos hábitos de alimentación sanos de por vida. No es lo mismo dar unos consejos machacones que nadie quiere oír que predicar con el ejemplo y la humildad de hacer uno primero lo que espera que los otros hagan.

No señores, nada es igual y las cosas llevan su tiempo.

Ya dicen que las prisas no son buenas consejeras o que hay que vestirse despacio si vas con prisa. Como la lluvia fina que empapa los campos, a veces necesitamos parar y darnos cuenta de lo que sucede. Tomarnos un tiempo, disfrutar de las cosas. Mejor, en singular: disfrutar de esa cosa en concreto con la que estés en cada momento. Centrar un poquito la mente que la tenemos mareada con tanto hip y tanto hop. Hace falta un poco de slow food para la mente.

© Hugo, en pleno cambio

Un paseo en primera persona

Un paseo.

Un día de lluvia.

Ya es tarde para empezar nada.
Un paseo.
Nunca es tarde.
Cae la lluvia.
Anochece lentamente.
La lluvia y el frio refrescan mi cara.
El gris, se vuelve más gris.
El amarillo ocre de las hojas ya no aguanta y se deja caer por el suelo.
Los charcos ya han visto eso antes.
Nada nuevo.
O todo… para el paseante.
El camino ya estaba y también se lo sabe.
La tormenta se suma al degradado de grises.
Más agua.
Aire fresco en la cara.
Pero no hace frío.
Las piernas piden caña.
Se dejan llevar camino abajo.
Hacia la bruma.
La ropa se empapa.
Los zapatos resistiendo piden caña.
El paraguas ayuda.
La cara se despeja.
Llega el punto de volver.
Volver a empezar.
Ahora es subida.
Más fresco en la cara.
Más caña en las piernas.
Contento por haber salido,
Por haber superado la tentación del mullido calorcito.
Lo conocido. Archi-conocido.
El paseo me llena, me rellena.
Cada paso estoy más cerca.
Y más tranquilo.
Satisfecho.
Gracias paseo porque siempre estás ahí.
Aunque no siempre te veo.
© Hugo, paseando en otoño

Ya somos 7.000 millones y subiendo…

Ya somos 7.000 millones. Mucha gente, muchas bocas que alimentar. Aunque dicen que hay alimentos para todos y que habría 2.500 calorías para  cada uno de los habitantes de éste nuestro planeta, no se nos da bien eso del reparto y hay 1.000 millones que sufren de hambre y de sed. Una auténtica tragedia, el egoísmo escrito con mayúsculas.
La superpoblación es un problema para el planeta. Hace un siglo éramos solo 1.000 millones y un siglo antes, 500. El crecimiento es exponencial (ya lo dijo Malthus), a finales de 2.050 seremos 9.000 millones. Qué mogollón. Qué conflictos se avecinan por el agua y el espacio.
Aunque algunos vean ésto no como un problema, sino como una oportunidad,  como un gran mercado para vender más coches y más móviles, el problema parece serio. Como especie somos de lo más invasivo, consciente del problema, pero sin ganas de llegar a un acuerdo en como solucionarlo. Y puede que la solución nos venga dada, porque el planeta siempre tiene solución: apaga, resetea y vuelve a empezar. Ya lo ha hecho antes en cinco extinciones masivas.
Para frenar el crecimiento sin Control a los chinos se les ocurrió la idea de prohibir tener más de un hijo por pareja, y optaron por el varón, porque pensaban iba a ser más útil en una sociedad agraria y han dejado de nacer niñas con el consiguiente problema para ellos de  encontrar pareja. Y se han lanzado a imitar  las caravanas de mujeres de Plan para buscar solteros, pero al revés y a escala asiática.
El problema de la superpoblación es común a cualquier especie animal que se la suelta en un hábitat donde no tiene depredadores cabreados a la vista que le hagan difícil la supervivencia, y el hombre (la mujer también tiene su parte de culpa en ésto) se ha encargado de eliminar todo lo que no le era útil, y al resto lo ha confinado en granjas con música para que produzcan más alimentos. Como los cocodrilos, las serpientes y otra gentuza del reino animal no tienen buen acomodo en tales instalaciones, a Noé se le ocurrió llevarlos de crucero y ahora, se les mete en zoológicos.
Pero la última palabra no está dicha, la naturaleza siempre hace que sobrevivan los mejor adaptados o sean capaces de comer cualquier porquería y los escarabajos siguen ahí esperando su oportunidad.
© Hugo.  Bienvenido 7.000.000.001 habitante, habitanta o habichuela.

Inventario de los sueños cumplidos

No creo que el título de este post se me haya ocurrido a mí solito, lo tenía anotado en mi baúl de los recuerdos digital para usarlo más adelante. Sin duda lo debí anotar al oírlo o leerlo a algún escritor sudamericano del realismo mágico. Es toda una declaración de intenciones. Es como un balance de nuestra existencia, un análisis de lo que hemos conseguido en vida, una especie de juicio final, pero en laico y auto-realizado.
La idea que hay detrás es que lo que mueve al ser humano son los sueños, que son los grandes motores del cambio. Los sueños son como los propósitos que hacemos desde el lado más auténtico del interior, son esos destellos de buena persona que todos llevamos dentro, o que nos gustaría llegar a ser.
Y hacer un inventario (en vida) de los sueños cumplidos implica dos cosas: que uno ha conseguido algunas de las cosas que se propuso hacer y que es uno mismo el que hace ese análisis desde este mundo (antes de dar el paso al iCloud, como Steve Jobs…).
Y si uno se pudiera adelantar y escribir hoy mismo ese inventario y darlo por hecho, ¿no sería una forma de provocar que se cumpliera?  Jugando con la causa-efecto, no sería como el mero acto voluntarista de desear conseguir algo un buen arranque para lograrlo. El que quiera dejar de fumar y lo escribe hoy como sueño ya cumplido, ¿no estará en mejor situación hacia su meta?
Sería interesante saber si gente como Einstein, Benjamin Franklino o Steve Jobs (más cercano) escribieron en su día tal lista y, lo que es mejor, la pudieron repasar el día antes de pirarse.
© Hugo, con las primeras nubes del otoño.

Asombrando a las luces

Las sombras tienen mala prensa: la sombra de la sospecha, la de la duda. En tono académico, la tía Wiki la define como una zona de oscuridad donde la luz es obstaculizada. Pero la sombra es mucho más que la ausencia de luz, es lo que le da fuerza. Una especie de viagra en el mundo del clarooscuro que aporta matices que la claridad ignora.
Las sombras son las malas de las películas, pero también las que le dan fuerza al color, vida a la luz, contraste a la escena. Porque, ¿cómo se aprecia mejor la luz de una vela, a pleno día o de noche?  Las sombras aumentan el misterio, hacen que destaque la grandeza de lo iluminado. Y si la fotografía es pintar con luz, la sombra es cuando el pincel va poco cargado.
Reconozco que últimamente las sombras me tienen asombrado.
© Hugo, en una mañana luminosa de otoño

Steve Jobs, mi pequeño homenaje a un gran tipo

In my humble opinion (IMHO) es esa manera tan elegante que tienen los ingleses de empezar algo desde la modestia y el respeto, como el que me da vueltas por la cabeza toda esta semana en la que nos ha dejado Steve Jobs, cofundador de Apple.
Para inspirarme escucho una lista con los temas elegidos para los anuncios de Mac y del iPod, para poder hablar de un tema que ha sido trending topic en Twitter y portada de todos los periódicos (de papel y digitales). La noticia ha salido en los telediarios, se han hecho (y se harán durante las próximas semanas) programas especiales describiendo todos los aspectos de su vida, su pasión por el trabajo, sobre su enfermedad, etc.
Hasta Obama - un gran creador de slogans - ha dicho que el mundo se ha enterado de la muerte de SJ a través de algún dispositivo inventado por él. O el presidente de Disney que decía de él que con todo lo que había hecho en la industria, tenía el entusiasmo del que está empezando…
De su vida particular se sabe que su vecino tenía un garaje (para poder cacharrear y hacer ordenadores, como Bill Gates, el señor HP y todo el que se precie en la costa Oeste); que en la universidad solo le interesaba la clase de caligrafía y luego lo plasmó en el exquisito uso de fonts en todo lo que hizo; que tuvo un matrimonio largo y sólido y antes dos novias ( Joan Baez y Diane Keaton); unos padres adoptivos y otros biológicos (con los que no se hablaba y últimamente querían hacer las paces, sin conseguirlo).
Sin duda, es su lado profesional el que más llama la atención: pasa por ser el gran mago de la tecnología, el genio que supo unir los últimos avances disponibles, ponerlos bonitos y dárselos (a precios siempre más caros que el resto) a las masas de consumidores que deambulan ansiosos por los nuevos templos del retail urbano (las +350 de Apple Stores). Sus detractores dicen que no inventó nada ( a pesar de sus 313 patentes): ya existía la música en mp3 cuando inventó el iPod; ya habían intentado teléfonos táctiles antes del iPhone y su eterno competidor Bill Gates había invertido grandes cantidades en hacer una tableta (sin mucho éxito) antes del iPad. El éxito de Apple es muy sencillo: lo que hace, lo hace bien. Bien significa pensando en la experiencia del usuario, en que disfrutes teniendo en las manos cualquiera de sus devices con su agradable diseño y que sepas que no fallan, porque no fallan casi nunca, y si lo hacen es con estilo y con una recuperación digna y poco dolorosa. Cuanto más los usas, más te acaban conquistando los pequeños detalles ocultos, la manera tan sencilla e intuitiva de hacer las cosas. La simplicidad al poder, una de sus aportaciones fue suprimir el manual de instrucciones.
Por eso y por muchos buenos momentos, estas lineas son de agradecimiento al que - IMHO - ha sido un gran tipo que ha hecho la vida más agradable a millones de personas.
Gracias Steve.
@ Hugo tecleando en el Macbook y escuchando las canciones de los anuncios de Apple desde el iPhone (Obama tenía razón…).