Hay cosas que ganan mucho en vivo como la música, que te contagia del ambiente, tarareas el único estribillo que se sabe todo el estadio, e incluso enciendes una velita 3G, es decir el móvil. Esa atmósfera de compadreo en la que haces coros, das brincos y abrazas a la maciza de al lado con la excusa del directo, sin embargo no funciona cuando tienes puestos tus auriculares y tranquilamente vas dando un paseo por el campo cuando los coristas ahora te parecen bandarras que destrozan una canción con sus afonías juveniles.
Eso no mola. Los conciertos, mejor en vivo, como el tenis o el padel.
Hay otras cosas, sin embargo, que ganan con la tele: por ejemplo, las bicis. ¿Te imaginas echarte la siesta en verano viendo en tour desde una curva de los Alpes? Incluso, el fútbol, yo lo prefiero por la tele, te destacan lo importante y lo repiten por si te lo has perdido al levantarte a por la cervecita.
Los discursos de Navidad del Rey, mejor por la tele y a ser posible “de fondo”. Tampoco ganaría mucho saber que lo hace en directo a las 9 de la noche. Ni tampoco me imagino los Simpsons en vivo.
El telediario de las 3, hasta hace poco pensaba que debía ser a las 3 y punto ( y en punto). Pues, los chicos de la TDT te lo ponen un ratito más tarde en el canal 24 horas por si había atasco. Hay pocos mitos que se resistan al diferido. Pensaba en las campanadas de nochevieja o el chupinazo de los sanfermines.
Lo enlatado gana adeptos, véase las sardinas con tomate o el atún. O es que hay alguien que sacrifica un bonito para tomarse una ensalada a las 4 mientras ve las noticias de las 3.
Lo dicho, esto lo escribo en vivo y tú lo podrás leer desde tu ordenador de casa, el del curro, o mirando por encima del hombro del que va en el asiento delante en el bus haciendo gala de su recién estrenado iPhone.
Hugo, desde Asturias - puente de la Constitución, la que alguno quiere retocar…
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